Entre la sanción y el incentivo

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En República Dominicana persiste una contradicción que limita nuestro desarrollo empresarial: se penaliza a quienes cumplen con la formalización, mientras se sostiene (con subsidios y excepciones) a quienes permanecen en la informalidad. Este enfoque genera un efecto desincentivador que mantiene a una gran parte de nuestras micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) al margen del sistema productivo formal.

El ordenamiento jurídico y fiscal vigente exige a las MIPYMES el mismo nivel de cumplimiento que a las grandes corporaciones, desconociendo sus particularidades operativas, su limitada capacidad administrativa y su rol como principal generador de empleo en el país. Este desequilibrio normativo convierte la formalización en un costo elevado, en lugar de ser una vía estratégica hacia el crecimiento sostenible.

Paralelamente, se ha institucionalizado una cultura de subsidio que, aunque atiende necesidades coyunturales, prolonga la dependencia y retrasa la inserción de las empresas en el marco regulado. El problema no es únicamente económico: es también jurídico y cultural. Mientras no redefinamos el concepto de formalización como un derecho y un incentivo, seguiremos enfrentando un círculo vicioso donde la informalidad resulta más atractiva que el cumplimiento legal.

Ante este panorama, urge establecer un régimen simplificado de formalización para MIPYMES, que contemple:

  • Escalonamiento tributario según tamaño y capacidad económica.
  • Regulaciones diferenciadas que reconozcan la realidad de las micro y pequeñas empresas.
  • Acceso preferencial a crédito, compras públicas y beneficios sociales condicionado al estatus formal.
  • Mecanismos de protección procesal que reduzcan la exposición a litigios temerarios.

La formalización debe ser entendida como un instrumento de competitividad, no como una sanción. Si realmente aspiramos a un país donde las MIPYMES puedan crecer, innovar y generar empleos de calidad, necesitamos pasar de un sistema de castigos a una política integral de incentivos.

Convertir la formalización en sinónimo de oportunidad es el paso inaplazable para que nuestras MIPYMES dejen de sobrevivir y comiencen a trascender.

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