El debate sobre el tema de la cesantía continúa generando una serie de opiniones encontradas entre trabajadores y empresarios. Por un lado, los trabajadores la perciben como un fondo de inversión o un respaldo en caso de desempleo, en cambio, los empresarios, especialmente los pequeños, la ven como una de las principales razones para evitar la formalización de sus negocios debido al alto costo que esta implica. En ese sentido, debemos preguntarnos ¿Es posible encontrar un punto medio que proteja al empleado sin asfixiar al empleador?
La cesantía fue creada para proteger a los trabajadores del posible desamparo que pueda producir la pérdida de su empleo. Sin embargo, con el paso de los años, esta figura ha adquirido un nuevo significado para los trabajadores, quienes ahora la ven como una forma de ahorro o incluso un “derecho adquirido” al momento de presentar sus renuncias, independientemente de las razones que puedan tener o lo que motivó al empleador a prescindir de sus servicios.
Por su parte, el sector empresarial ha propuesto una serie de medidas como la extensión el período de prueba, la cual retrasaría el acceso a la cesantía, aunque esta idea, principalmente, busca reducir costos para los empleadores, no menos cierto es que al final tendríamos la misma situación. Entonces surge una interrogante, ¿Realmente esta medida es una solución o solo traslada el problema a otra etapa del proceso?
Una opción más equilibrada para ambos sectores puede ser la implementación de un seguro de desempleo, el cual puede ser financiado en parte por los fondos de pensiones. Este seguro garantizaría a los trabajadores una proporción de su salario durante los primeros tres meses posteriores a la pérdida de su empleo, brindándoles un respaldo económico sin impactar excesivamente a los empresarios.
De igual forma, establecer un límite para la cesantía que esté basado en el costo de la canasta básica familiar o el salario mínimo enfocando los recursos en garantizar lo básico para la subsistencia, en lugar de perpetuar un sistema que genera tensiones entre las partes involucradas, que, si bien es cierto, cada una entiende posee la razón y sus argumentos pudieran ser hasta cierto punto racionales, llevamos años atrapados en una lucha de poder cuyos principales sacrificados, son quienes sostienen el ecosistema económico: Los micros, pequeños y medianos empresarios.
Es momento que nos sentemos a analizar profundamente. ¿Qué significa proteger al trabajador sin desproteger al empresario? y ¿Cómo podemos crear un sistema laboral más justo y sostenible?
Estas son algunas de las interrogantes que debemos plantearnos si realmente aspiramos a avanzar como nación.