Cuando el crecimiento macroeconómico no llega al mostrador: ¿Cómo sobrevivir a la presión de la informalidad y las estructuras obsoletas?.
En los últimos meses, muchas calles del país cuentan una historia que no siempre aparece en los informes económicos: locales cerrados, vitrinas vacías y negocios que, aun haciendo las cosas bien, han tenido que detenerse. Y la pregunta surge sola: ¿por qué tantos comercios formales están cerrando si la economía sigue creciendo?
La respuesta no es simple, pero sí clara para quienes viven la realidad empresarial día a día. La informalidad ha dejado de ser un fenómeno marginal y se ha convertido en una competencia desleal normalizada, capaz de operar sin asumir costos laborales, fiscales ni regulatorios, desplazando al negocio que cumple.
A esto se suma una carga tributaria y administrativa que muchas MIPYMES no logran sostener, un consumo que no siempre refleja el crecimiento macroeconómico y un sistema laboral que penaliza la formalidad en lugar de incentivarla. No se trata de falta de esfuerzo, talento o mercado; se trata de estructuras que ya no responden a la realidad actual.
Hoy, más que nunca, los negocios enfrentan una decisión silenciosa pero crucial: cerrar, resistir sin margen o transformarse con intención. Transformarse no siempre significa crecer más, sino crecer mejor, ajustar modelos, repensar estructuras y tomar decisiones estratégicas a tiempo.
El país necesita más negocios formales, más empleo sostenible y más empresarios que se queden. Para lograrlo, también necesitamos reglas que entiendan cómo se vive la empresa en la práctica, no solo cómo se mide en los indicadores.
Si estás en este punto de reflexión, recuerda algo clave: adaptarse no es rendirse; es una forma inteligente de permanecer.




