Estos días el país sigue atento al tradicional “remeneo de la mata” en el Gobierno: quién sale, quién entra y qué se espera de quienes asumen nuevas responsabilidades. Viendo el revuelo, vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿Cuándo fue la última vez que remeneamos la mata en nuestro propio negocio?
Las organizaciones suelen quedar atrapadas en estructuras que funcionaron en el pasado, pero que hoy frenan su crecimiento. Ocurre cuando hay personas en puestos clave porque la estructura nunca se revisó, procesos fosilizados porque “siempre se ha hecho así” o decisiones atascadas en el dueño porque delegar aún se percibe como un riesgo. Cambiar piezas sin revisar el sistema rara vez produce resultados diferentes.

En una MIPYME, remenear la mata no significa necesariamente despedir. Significa reorganizar roles, profesionalizar áreas, digitalizar operaciones o reconocer que el fundador ya no puede seguir siendo el cuello de botella.
Crecer no es solo facturar más. Es construir la estructura capaz de sostener ese crecimiento.
Aprovechemos la coyuntura para hacer nuestro propio consejo empresarial y preguntarnos:

No todo cambio exige sacar a alguien. A veces requiere moverlo; otras, capacitarlo; y muchas veces, reconocer que el problema no está en la persona, sino en una estructura que le quedó pequeña a la empresa que queremos construir.
A diferencia del Estado, en tu negocio no necesitas esperar la firma de un decreto para mover las piezas. El bolígrafo siempre ha estado en tu mano.





