Abrir un negocio en República Dominicana es empezar pagando. Antes de vender el primer producto ya hay una factura de electricidad, una nómina que cubrir, seguridad social, alquiler, financiamiento, obligaciones administrativas e impuestos que, en algunos casos, deben anticiparse. El empresario todavía no ha generado un peso y ya acumula compromisos que asumir.
Después viene la competencia. El cliente quiere mejores precios, los proveedores aumentan sus tarifas y el margen comienza a estrecharse. Vender más deja de ser sinónimo de ganar más.
El problema no es un costo aislado: Es la acumulación.
Una MIPYME puede soportar una factura alta de electricidad. Puede soportar un crédito costoso. Puede asumir una carga tributaria. Lo verdaderamente difícil es enfrentar todo al mismo tiempo y todavía encontrar recursos para invertir, contratar y crecer.
El sistema eléctrico lo demuestra. Una empresa paga su tarifa y, en muchos casos, debe asumir además el costo de un inversor, una planta, combustible o mantenimiento para garantizar la continuidad de su operación. Es el mismo negocio pagando dos veces por algo tan básico como tener energía para trabajar.

Y cuando se discute la contratación formal aparece el costo laboral y el pasivo asociado a la cesantía. El empresario no calcula únicamente cuánto pagará hoy por un trabajador; también debe considerar las obligaciones que puede asumir mañana. En ese escenario, contratar deja de ser una decisión basada exclusivamente en cuánto trabajo necesita la empresa.
Ante este panorama, no debería sorprender que muchas empresas tengan dificultades para crecer, que otras permanezcan pequeñas durante años y que la informalidad siga siendo una alternativa para quienes consideran demasiado alto el costo de operar dentro de la formalidad.
Tal vez deberíamos mirar primero, ¿Cuánto cuesta hacer las cosas correctamente?
No se trata de eliminar impuestos ni de desconocer las obligaciones de las empresas. Se trata de revisar si el entorno que hemos construido incentiva la inversión, la formalidad y el crecimiento o si, por el contrario, termina castigando a quien intenta dar el siguiente paso.
Cada peso que se consume en sobrecostos e ineficiencias es un peso que no se convierte en tecnología, empleo, expansión o productividad.
Cuando el negocio empieza pagando, la pregunta clave es: ¿Cuánto de lo que produce se le permite conservar para crecer?





